
Por Fransheska Audia
Club Rotario San Salvador
Ingresar a Rotary es un privilegio que nace de una invitación. No se llega por azar, sino porque alguien vio en ti valores, ética y un deseo genuino de servir. Ese gesto abre la puerta a un mundo de amistades, proyectos y experiencias que transforman la vida y el liderazgo.
Sin embargo, en Rotary existe un filtro natural: los primeros tres años. Muchos nuevos socios se marchan antes de ese tiempo. A veces porque sus expectativas no coinciden con la dinámica del club; otras veces porque no encuentran espacios de participación o porque imaginaban una red de contactos y no comprendieron que Rotary es, ante todo, un lugar para servir.
Pero este período no es tiempo perdido, es un proceso de gestación del liderazgo rotario. Quienes llegan con verdadera vocación lo demuestran desde el inicio: preguntan, se forman, participan, buscan proyectos y se ofrecen para ayudar; no esperan a que los llamen; actúan; descubren que Rotary no se vive solo en las reuniones, sino en el trabajo de campo, en la comunidad y en la conexión con otros clubes del mundo.
Quien supera esos primeros tres años cambia profundamente. Desarrolla empatía, visión global, capacidad de coordinación, trabajo en equipo y la convicción de servir sin esperar nada a cambio. Rotary no pierde socios; forja líderes. Tres años bastan para saber si la invitación fue una casualidad o un verdadero llamado, y quien se queda trasciende.
