Atención sin fronteras

MENSAJE DE LA PRESIDENTA DEL CONSEJO DE FIDUCIARIOS DE LA FUNDACIÓN ROTARIA – AGOSTO 2026

Sentada junto a mi padre en el hospital, mientras escucho el sonido acompasado de las máquinas que ahora suenan con más firmeza que su propia voz, la vida pareciera haberse encogido a lo más esencial. Suele ser así frente a una enfermedad grave. Pone al descubierto lo que más importa y nos recuerda —a veces, con amor y otras, con dolor— lo que debería importarnos a todos.

Mi padre padece de cáncer en fase avanzada. El camino es irregular y, a menudo, cruel. Sin embargo, incluso en este contexto tan difícil, me llama la atención la pura y plena verdad de que todas las personas, en cualquier lugar, merecen tener acceso a una atención médica que respete su dignidad. No solo tratamiento: también, compasión. No solo medicación: también, la confirmación de que su vida vale.

Al ver a las enfermeras desplazarse con una elegancia que es claro fruto de los años y a los médicos transmitir honestidad y esperanza, no puedo evitar pensar que hay millones de personas que jamás recibirán este tipo de calidad y apoyo. No porque sus vidas importen menos, sino porque el acceso a la atención médica sigue siendo desigual en muchos países y comunidades. No es una cuestión política, sino humana.

Todas las familias merecen las mismas oportunidades de recuperación. A lo largo de mis años en Rotary, he llegado a comprender que La Fundación Rotaria nos muestra cómo las culturas y naciones comparten esta creencia.

En un momento en que el financiamiento internacional destinado a la prevención y el tratamiento de enfermedades se está reduciendo, los proyectos de salud más esenciales corren el riesgo de perder impulso. Nuestra Fundación y ustedes, nuestros socios, brindan el apoyo constante y dirigido por la comunidad que se necesita para impedir que eso suceda.

Estamos financiando vacunas en Pakistán, capacitando a trabajadores de la salud en Mozambique y fortaleciendo los sistemas de salud más frágiles en Guatemala. A través de la Fundación, la cooperación internacional deja de ser un ideal abstracto y se vuelve una responsabilidad con la que es posible cumplir cuando se decide actuar con generosidad, espíritu de colaboración y un sentimiento compartido de humanidad. Estoy muy orgullosa de nuestro liderazgo colectivo.

Sentada aquí, tomada de la mano de mi padre mientras sus momentos de sueño van y vienen, me doy cuenta de lo frágil y preciosa que es la vida. La medida de un mundo justo no reside en su riqueza ni en su poder, sino en la férrea convicción con la que se protege a los más vulnerables.

La lucha de mi padre es algo personal. Pero la lucha por una atención médica equitativa y compasiva, que respete el valor de cada vida en igual medida, es universal. Nos pertenece a todos. A través de su generosidad y compromiso con nuestra Fundación —y el mero hecho de preocuparnos por los demás más allá de las fronteras— nos acercan al mundo que queremos: uno en el que nadie se quede atrás.

Jennifer Jones
Presidenta del Consejo de Fiduciarios de La Fundación Rotaria

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