Mi experiencia en la Convención Internacional de Rotary en Taipéi

Por Jonathan Zelaya
Club Rotario La Paz Honduras

La Convención Internacional de Rotary 2026 en Taipéi, Taiwán, fue una de esas experiencias que no solo se viven, sino que se quedan en el corazón, porque no se trató solo de asistir a un evento, escuchar conferencias o conocer una ciudad nueva. Fue sentir, desde el primer día, entre la lluvia, el calor y la humedad de Taipéi, que Rotary es mucho más grande de lo que a veces alcanzamos a ver desde nuestras comunidades.

Llegar a Taipéi y encontrarme con más de 38 mil rotarios de más de 140 países fue impresionante. Caminar entre personas de tantos idiomas, culturas y formas de vida, pero con un mismo espíritu de servicio, me hizo sentir parte de una familia mundial. En cada saludo, en cada conversación y en cada encuentro había algo en común: el deseo de servir y transformar comunidades.

Para mí, ser rotario siempre ha sido mucho más que reuniones formales. Para mí es acerca de las relaciones, las personas, y esas amistades que nacen en una conversación sencilla, esas conexiones que se convierten en alianzas y esos hermanos rotarios que, aunque viven al otro lado del mundo, comparten el mismo deseo que yo: servir, transformar comunidades y llevar esperanza donde más se necesita.

En Taipéi viví momentos que me recordaron por qué amo tanto ser rotario. Cada charla en la Casa de la Amistad, cada curso recibido, cada saludo, cada comida compartida, cada salida de compañerismo y cada conversación con alguien de otro país me hizo sentir parte de algo inmenso. Es increíble poder tener una red de conexiones con personas de todo el mundo que piensan de manera similar, que sueñan con comunidades más fuertes y que creen que el servicio puede cambiar vidas.

También fue una experiencia que me dio mucha humildad. Ver tantos proyectos, tantas historias y tantos rotarios haciendo cosas extraordinarias en sus países me hizo ver a Rotary con otros ojos: un Rotary más internacional, más grande y más profundo. Pero al mismo tiempo, me recordó que todavía hay mucho por hacer en casa. Regreso con más ganas, con más ideas, más motivación y más compromiso.

Estos eventos no solo inspiran; también fortalecen. Uno vuelve diferente. Vuelve con el corazón lleno, con nuevas amistades, con nuevas oportunidades y con una responsabilidad más grande de seguir sirviendo. Porque cada conexión, cada plática y cada momento compartido nos hace más fuertes como rotarios.

Taipéi me recordó que Rotary conecta mundos para transformar comunidades. Y me confirmó que cuando personas buenas se unen con un mismo propósito, no hay distancia, idioma ni cultura que limite lo que podemos lograr.

Hoy regreso agradecido, inspirado y más convencido que nunca: los rotarios no esperamos a que las cosas cambien. Los rotarios las cambiamos. Porque cuando los rotarios nos unimos dejamos una huella duradera.

Cena de compañerismo con miembros de Cadre de todo el mundo.

Compañerismo rotario en el mercado nocturno de Taipéi, con rotarios de Turquía, Virginia y Florida.

Con la compañera Marilyn Nevy Cruz, de Washington D.C.

PDG Deborah Williams y PDGN Linda Johnson, del Distrito 6890.

Sesión paralela, o break-up session, en la Convención Internacional.




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