El giro de la rueda rotaria convierte una fatalidad en esperanza de vida

Por Esther Brol
Presidente del Comité distrital de Imagen Pública para Guatemala

Hace unos días, Erick Castillo, de 20 años, originario de Cuilco, Huehuetenango, sufrió un fatal accidente mientras conducía sin casco su motocicleta. Este le ocasionó muerte cerebral. Al saberlo, voluntariamente su familia pidió iniciar el trámite de trasplante de órganos y contactó a Ernesto Villatoro, socio del Club Rotario de Huehuetenango. A su vez, Ernesto se comunicó con su compañero Juan Francisco Robles, quien es director del Área de Salud de la localidad, para consultarle cómo comenzar el proceso.

«Nadie sabía cómo hacerlo», recuerda Juan Francisco. «Decidí hablar con los viceministros de Hospitales y Atención Primaria, Francisco Coma y Edwin Montúfar, y les planteé la urgencia de la solicitud».

Después de todo esto, se tocó a las puertas del Banco de Córneas, la Fundación Guatemalteca de Transplante Hepático y la Unidad del Enfermo Renal Crónico, para poner a su disposición los órganos de Erick. Surgió entonces otro reto: ¿cómo trasladarlo de Huehuetenango a la capital de la forma más segura y expedita posible?.

«Hablé con Álvaro Bravo, del Club Rotario Metrópoli y socio del Aeroclub, para pedirle ayuda. Él, con el apoyo de Alejandro Rabanales, de dicha entidad, coordinó la ambulancia aérea. Ya con los permisos legales en mano, decidí acompañar el vuelo para ventilar a Erick», relata Juan Francisco.

Juan Manuel Sáenz, del Club Rotario de Huehuetenango, llegó al aeródromo antes de la partida del vuelo. «Al extenderle la mano al padre de Erick, este expresó un sonoro “¡muchas gracias!”. Al ver mi extrañeza dijo: “Yo los conozco, y gracias a ustedes esto es posible”. Presenciar el acto de coraje de esta familia al donar los órganos de su hijo para darle vida a alguien más, así como el dolor con que se despedían de él, me conmovió e hizo darme cuenta de que nuestra sociedad aún cuenta con grandes valores y principios. ¡Gracias por una oportunidad más de sentirme orgulloso de ser rotario!».

Al arribo del vuelo a Guatemala, los esperaba una ambulancia de Bomberos Voluntarios que llevó a Erick al Hospital Roosevelt, donde se le atendió mientras llegaba el momento de su decesoafindeiniciarlostransplantes. Lamentablemente, estamos en época de pandemia y esta no perdona. Erick dio positivo a coronavirus y solo pudieron usarse sus córneas.

Salvo el transplante de córneas, en Guatemala, los procesos para donación de órganos sólidos (hígado, riñones y páncreas) aún no están claros. Posiblemente, de esta invaluable experiencia surja la propuesta de crear una unidad de transplante de órganos en el país. Conociendo a los rotarios, sin duda en poco tiempo sabremos de ella.

 

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