A la memoria de mi gran amigo Jorge Aufranc

Por Rodolfo Bianchi
Club Rotario Guatemala Sur

En mi labor de administración educativa, en más de una ocasión he tenido la oportunidad de conversar con algún niño y preguntarle qué hacen su papá o su mamá, a qué se dedican; y en varias ocasiones observo la cara de sorpresa del niño, como diciendo «¡me están haciendo una pregunta cuya respuesta debería conocer y no la sé!». Con Jorge nos sucedía algo parecido, él estaba involucrado en muchísimos emprendimientos, en comisiones de las juntas directivas de Rotary International o La Fundación Rotaria, en los proyectos que iniciamos en el distrito, en proyectos a nivel zonal, y era prácticamente imposible seguirle el paso y saber exactamente en qué estaba involucrado.

Jorge era una persona que continuamente pensaba en llevar a cabo proyectos en beneficio de la humanidad, para vivir en un mundo mejor. Pensaba en dejar a nuestros descendientes un lugar más sano, más pacífico y mejor. Su motivación interna lo impulsaba a sacar adelante todas sus actividades y a cumplir con todos sus compromisos. Era imparable.

No obstante, no lo hacía por obligación; era algo que le nacía naturalmente: preocuparse por las mejores condiciones de los demás y, en esa línea, también se preocupaba muchísimo en Rotary por desarrollar a nuevos líderes. Constantemente proponía ascender o tomar en cuenta a uno u otro rotario para algún cargo a nivel distrital, en el club, a nivel zonal y, juntos, en más de alguna ocasión, nos pusimos de acuerdo en lo que respecta a proponer a alguien a un cargo, cuyo trabajo o proyecto consideraba que era capaz de cumplir.

A lo largo de tantos años de amistad en el Club Rotario Guatemala Sur, tuve la oportunidad de conocer muy de cerca esa inquietud de Jorge, quien me decía a menudo «Mira, ayúdame con tal cargo». Además, me asignaba tareas y dejaba que las hiciera, él supervisaba y apoyaba lo que se hacía para que el resultado fuera óptimo y, al final, no lo hacía por llevarse la gloria y el reconocimiento, sino para permitir que los otros también disfrutaran del éxito del trabajo en equipo y desarrollaran su liderazgo en Rotary.

Recuerdo cuando fue presidente de nuestro club y su servidor sería presidente al año siguiente; me pidió entonces que analizáramos la edad promedio de los socios, porque el club, después de varios años de fundación, estaba haciéndose «mayor». Juntos desarrollamos un modelo de búsqueda e incorporación de socios jóvenes que dio sus frutos. Desde luego, la transformación llevó varios años, pero, al final, ambos disfrutamos de los logros de su iniciativa.

Trabajamos juntos en la organización de muchos eventos e iniciamos varios proyectos. Se preocupaba por innovar y desarrollar proyectos o eventos grandes que no se habían implementado antes para causar un mayor efecto en comunidades o audiencias. Le preocupaba establecer alianzas con otras organizaciones para multiplicar nuestra labor y engrandecer a nuestra organización. Siempre tenía a Rotary por delante.

Jorge fue el amigo incondicional, el anfitrión perfecto, siempre nos sorprendía con sus atenciones y novedades, se esforzaba por atendernos a todos. En una ocasión, participando en la entrega de la carta constitutiva del Club Rotario de Copán Ruinas y estando cerca de salir de viaje con un grupo de amigos a España, se enteró por recomendación de otro gran amigo mutuo, Pocho Morazán, de un conocido en España que pertenecía a un grupo «calificador» de restaurantes. Esa misma noche, desde el parque de Copán Ruinas, y desde un teléfono público, contactó a este conocido de Pocho y acordó el envío de una lista de restaurantes recomendados por nuestra ruta de visita a España. Pero más aún, con la recomendación de los platillos especiales y los chefs de los restaurantes. Cabe mencionar que todos los viajeros éramos amantes de la buena comida. Nuestro vuelo salía al día siguiente, alrededor del mediodía. El viaje desde Copán a Guatemala, que normalmente tarda 5 o 6 horas, fue efectuado por Jorge en unas 3.5 horas a la mañana siguiente, para llegar a la oficina a imprimir la nota de recomendaciones del amigo español y tomar el vuelo a tiempo. Tuvimos un viaje inolvidable, visitamos casi todos los restaurantes recomendados y disfrutamos cada uno de ellos. Ese era Jorge, dedicado, preocupado por los detalles, un gran amigo y entusiasmado por la vida.

Desde luego, anteponía a la familia en todas sus aventuras. Recuerdo que, en más de una ocasión, estando en eventos lejos de casa, organizaba su viaje de regreso el domingo por la mañana para estar en casa alrededor del mediodía para preparar el tradicional asado familiar. Todo esto con la complicidad y colaboración de su querida Débora, quien le tenía todo listo para atender a Bárbara y Carlos, a Dolores y Axel, y a Jorge Luis y Mariane, y a todos sus nietos, a quienes adoraba incondicionalmente.

Querido Jorge, nos harás mucha falta y tu legado de amistad incondicional, energía, trabajo, innovación, dedicación y liderazgo perdurará entre nosotros por muchos años.

 

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