Mi gran momento rotario

Por Ysabel Reyes
Club Rotario Santo Domingo Mirador

Hace seis años, acompañé a los esposos James y Cristy Benedict, de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, a la ciudad de Bahoruco, en el sur profundo del país. Estando en la playa, Cristy llama a un niño, pero descubre que es sordo. Simpatiza con Andy, quien la invita a la casa de su abuela, donde nos enteramos de que en esa ciudad hay muchos casos de sordera. Cristy se compromete con la educación de Andy y eso fue lo que los llevó al Instituto del Sordo Santa Rosa, en la ciudad capital.

Cristy se comunica con su amiga Ruth Claros-Karchnert, especialista chilena con cátedra en la Universidad de Arizona Sur, y de ahí surge el Simposio para Sordos, con el patrocinio de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el Club Rotario Santo Domingo Mirador y el Instituto para Sordos Santa Rosa. Lo atinado de la iniciativa vislumbraba éxito, como lo atestigua el hecho de que ya vamos por el sexto simposio anual, pero aún más, se ha extendido a nivel internacional por plataforma Zoom, con participación de toda Latinoamérica, el Caribe y España. En el 2022 se registraron más de 2,000 personas. Gracias a esos simposios se emite el mismo año la ley que regula el lenguaje de señas, una petición de muchos años por una indiscutible necesidad.

Ese es mi Rotary moment, ¡cuánta emoción!, ¡cuánta satisfacción!, ¡una obra muy humana que sinceramente me llena! Qué gran servicio a una comunidad que dice: «Somos parte de la sociedad, dennos nuestro espacio, aquí estamos, somos de ustedes».

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