Por Esther Brol
Club Rotario Guatemala La Reforma
En 1981, Jürg Egli llegó a Guatemala junto con su esposa Elsita y sus hijos Sussane y Daniel. Lo que comenzó como una nueva etapa de vida pronto se transformó en una historia de entrega. Desde que se integró al Club Rotario Guatemala de la Asunción, en 1984, no ha dejado de dar lo mejor de sí. Ha llevado agua, saneamiento e higiene a comunidades; ha apostado por la educación y la salud; ha sembrado árboles y esperanza; ha inspirado a jóvenes en RYLA y ha estado presente cuando el país lo necesitaba en emergencias. Su huella se mide en miles de vidas transformadas y en la inspiración que despierta en quienes lo rodean.
Para Rolando González, del Club Vista Hermosa, Jürg es «un suizo íntegro con corazón guatemalteco, todo un caballero, cuya actitud de servicio me confirma que haberme incorporado al rotarismo es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida». Isabelly Chow lo llama su mentor: «Me enseñó a ser una rotaria de acción. Tiene siempre mucho entusiasmo y un gran corazón». Y Mirna Herrarte, del Ministerio de Salud Pública, recuerda: «Lo conocí en 2015, cuando lideraba el comité de donación de equipos de Rayos X. Un hombre con un profundo don de servicio, siempre entusiasta, sencillo, carismático, recto y amable. Su actitud me motivaba a trabajar con dedicación para alcanzar las metas».
Su entrega ha sido reconocida en múltiples ocasiones: Medalla Rudy Herman como Rotario del Año de su club en varias oportunidades; primer rotario en recibir el galardón Rudy Richter; reconocimiento por 35 años de servicio; y el de Rotary International por su labor a través de las cinco Avenidas de Servicio. Es además benefactor de La Fundación Rotaria y socio Paul Harris con cinco rubíes.
En lo personal, admiro, respeto y aprecio profundamente a Jürg. Es guía en el mundo rotario y ejemplo como esposo, padre, abuelo y amigo. Estricto y puntual como buen suizo, pero cercano y leal con quienes lo rodean. Dice las cosas como son y, cuando entras en su corazón, te abre un espacio para siempre. Más allá de sus reconocimientos, su verdadero legado es recordarnos que el liderazgo auténtico nace del servicio.
¡Gracias, Jürg, por impulsarnos a ser mejores seres humanos y por mostrarnos que servir transforma vidas!


