Por Selmy Licardí, Psicóloga
selmylicardi@gmail.com
El miedo es una emoción universal que nos protege ante lo desconocido. Surge cuando algo nos representa un reto y rara vez desaparece antes de actuar. No es un enemigo, sino una señal de que estamos cruzando la zona de confort. Cuando lo entendemos y canalizamos, puede convertirse en un impulsor para alcanzar metas, abrir caminos y demostrarnos de qué somos capaces.
Reconócelo: corazón acelerado, respiración distinta, atención más aguda y alerta.
Acéptalo: no es debilidad; es como tu mente avisa que enfrentas un reto importante.
Actúa: divide tus metas en microacciones que le digan a tu cerebro «puedo hacerlo», y entonces mantén el ritmo.
Cambia la pregunta: en lugar de «¿y si sale mal?», pregúntate «¿y si sale bien?» y visualiza lo positivo en detalle.
Úsalo como brújula: lo que más miedo provoca suele ser lo que más transforma y te impulsa a crecer.
El miedo es inevitable, pero no invencible. Conócelo, escúchalo y conviértelo en impulso. Haz que sea la chispa que te mueva al siguiente paso y la fuerza que te recuerde que avanzar siempre vale la pena. Es como el viento: puede empujarte y ayudarte a avanzar si extiendes bien las velas.
