Por Edwin Mejía
Club Rotario Managua
Inicié mi vida en Rotary a los 18 años al integrarme a Rotaract. Creía entonces que aquello era una simple coincidencia. Hoy comprendo que respondía a un propósito mayor: una formación de vida para convertirme en líder y ciudadano del mundo.

Gracias al rotario Sergio Báez y al Club Rotario de Managua, nació en 2012 el club Rotaract del que fui fundador. Serví en múltiples cargos y descubrí que Rotary sería parte esencial de mi identidad.
En los clubes encontré mentores, amigos y ejemplos que se transformaron en familia. Al participar en sesiones rotarias y conocer proyectos impulsados con el apoyo de La Fundación Rotaria, nació en mí el firme anhelo de ser rotario.
Los cambios institucionales de Rotary y mi servicio como representante distrital me llevaron a una etapa de reflexión y pausa, siempre acompañada del sentido de pertenencia. Fue gracias a la PDG Violeta Barreto y al cariño constante del Club Rotario Managua que encontré nuevamente mi camino.
Hoy, como rotario y presidente de ese club, afirmo que servir es retribuir. Rotary ofrece múltiples caminos unidos por la amistad, y siempre habrá más por hacer para seguir transformando el mundo.
