Por Shad Qudsi
Club Rotario del lago de Atitlán
Ubicado en las tierras altas volcánicas del suroeste de Guatemala, el lago de Atitlán es uno de los lugares más impresionantes del planeta. Se trata de un lago de un azul intenso, una formación volcánica rodeada por tres colosos y comunidades indígenas mayas.
Sin embargo, las montañas circundantes cuentan una historia más dura. Décadas de deforestación han dejado las laderas desnudas, han erosionado el suelo, amenazado las fuentes de agua y han agravado la pobreza.
Una subvención global de Rotary trabaja para cambiar esa situación. Patrocinada por el E-Club de San Diego y organizada por el Club Rotario del lago de Atitlán, la subvención se asocia con dos organizaciones locales: WellKind Guatemala, que lidera los esfuerzos de reforestación utilizando imágenes satelitales y tecnología ArcGIS, y Tuik Ruch Lew, integrada en la comunidad de Santiago desde hace tres décadas y conocida por distribuir cocinas de bajo consumo a las familias locales.
El proyecto está en marcha. Se ha construido un vivero, gestionado por mujeres, que produce especies de árboles nativos para su distribución entre los agricultores. Los líderes comunitarios están identificando a los beneficiarios, muchos de los cuales son receptores de cocinas. Se está formando a los agricultores, no solo para plantar árboles, sino también para podarlos de manera que se obtengan los pequeños recortes que se utilizan como combustible en las cocinas de bajo consumo, con lo que se cierra el círculo entre la reforestación y la energía limpia.
Se plantarán quince mil árboles. Las montañas que rodean el lago de Atitlán están volviendo lentamente a la vida.


