Por José Handal Bográn
Club Rotario San Pedro Sula
Cuando el arquitecto Sergio Pineda llegó al Club Rotario Usula, en el año 2011, ya tenía experiencia en voluntariado. Había sido parte del capítulo de San Pedro Sula del Colegio de Arquitectos de Honduras, y era responsable de un grupo del movimiento de matrimonios Camino, pero encontró en Rotary un espacio donde podía aportar su granito de arena a las grandes necesidades de la sociedad.

Durante una visita de seguimiento luego de un proyecto en la cordillera del Merendón, que consistía en proveer unidades sanitarias a las familias de escasos recursos que viven en la zona, reunieron a las beneficiarias y les preguntaron si podían identificar una diferencia ahora que tenían una unidad sanitaria cerca de su casa, en lugar de tener que ir al monte para hacer sus necesidades.
La honestidad en la respuesta de una señora hizo que Sergio experimentara su momento rotario. Le explicó con desparpajo que los pollos ya no comían heces fecales humanas que encontraban a flor de tierra, y eso le cambió el sabor a su carne.

Al finalizar el proyecto, se ofreció una charla para presentar en los clubes que habían donado recursos, que se tituló «El pollo ya no sabe a mi**da», lo que aumentó la impresión que dejó en el corazón de más de un rotario aquella explicita declaración.
