Por María Elvira Chavarría
Coordinadora Distrital de Membresía
En Rotary llegamos a ser familia. Compartimos tanto que la dinámica se vuelve natural, cercana, casi íntima. Sin embargo, cuando llevamos a un invitado a una sesión formal, estructurada y protocolaria, puede encontrarse con un ambiente que no entiende del todo y en el que no se siente cómodo.
Es como cuando recibimos visitas en casa. Si es alguien formal, lo sentamos en la sala y todo ocurre ahí. Pero cuando es alguien cercano, la dinámica cambia, conversamos en la cocina, departimos en el comedor, nos movemos con libertad. Hay más libertad y conexión.
Rotary funciona igual. Antes de explicarlo, es más impactante vivirlo. Invitar a alguien a un proyecto en acción, a una actividad de servicio o a un espacio más cercano permite que vea quiénes somos.
En esos momentos podemos darnos a conocer con total libertad. Conversar y dejar ver por qué nos gusta tanto esto, por qué nos apasiona, por qué nos entusiasma, por qué hacer brillar nuestros ojos. Porque en Rotary, a través del servicio y la amistad, encontramos una satisfacción profunda que se siente y se contagia.
